Incliné apenas la cabeza.
—Voy a Seattle. Parece que tú también. Aunque no sabía que era un viaje familiar.
Ella dio medio paso atrás.
Tenía los ojos abiertos de una forma casi dolorosa, esa mirada que nace cuando una mujer todavía no sabe si está siendo traicionada, ridiculizada o arrastrada a una verdad que no pidió conocer.
—Espera —susurró—. Me dijiste…