—Papá… Amber… y Toby se fueron a Orlando —dijo con la voz quebrada.
El silencio que siguió fue asfixiante.
—¿No hay nadie contigo? —insistí.
—No… estoy sola —respondió en voz baja—. La señora Gable dijo que podía ir a casa de al lado si necesitaba ayuda… pero se fueron anoche.
Me senté, intentando asimilar lo que decía.
—¿Te dejaron sola? ¿Y se llevaron a Toby?
—Dijeron que tenía que ir al colegio pronto… pero Toby no tenía que ir —susurró.
Apreté la mandíbula.
—Abuelo… ¿por qué no me llevaron a mí también?
No tenía una respuesta que una niña de ocho años pudiera entender.
—No hiciste nada malo —le dije con firmeza.
—¿Pero por qué? —preguntó de nuevo.
—Todavía no lo sé —admití—. Pero voy a buscarte ahora mismo.
Me preguntó si estaba enfadada.
—No estoy enfadada contigo —le dije con suavidad—. Fuiste valiente al llamarme.
Dudó un momento antes de preguntar: —¿Se van a enfadar porque te llamé?
⏬️⏬️ continúa en la página siguiente ⏬️⏬️