Revelaciones recientes han sacado a la luz documentos internos de Moderna que indican que la farmacéutica estaba al tanto de los riesgos cancerígenos asociados a sus vacunas de ARNm contra la COVID-19. Esta información, obtenida a partir de una patente y análisis independientes, plantea interrogantes sobre la seguridad de las vacunas y los procesos de fabricación.
La patente de Moderna y los riesgos reconocidos
Moderna posee una patente específica sobre el uso de ARN para vacunas. En este documento, la compañía declara explícitamente que el ARN es preferible al ADN para la fabricación de vacunas debido a posibles problemas como la inserción inmunogénica. La inserción inmunogénica podría activar oncogenes o inhibir genes supresores de tumores, aumentando así el riesgo de cáncer.
A pesar de las garantías de autoridades como la FDA, que afirman desconocer estas preocupaciones, Moderna describe claramente estos mismos riesgos en su patente. Esto incluye efectos como la mutagénesis por inserción y la genotoxicidad, directamente relacionados con el uso de ADN en los procesos de vacunación.
Contaminantes de ADN en inyecciones
Las inyecciones de ARNm de Moderna contienen contaminantes de ADN derivados del proceso de fabricación. Este proceso consiste en purificar ADN circular de bacterias para producir ARN, que posteriormente se convierte en proteínas. Sin embargo, el proceso de degradación y purificación del ADN no es óptimo, lo que deja fragmentos residuales en el producto final.
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