Parte 1 No digas nada todavía… —susurró Richard—. Esto puede salvarnos…..

Comió con las manos temblando, no de miedo, sino de una emoción más antigua: la sensación imposible de que alguien la esperaba en ese lugar desde antes de conocer su nombre.

En los días siguientes, la gruta se volvió casa. Seguía las piedras planas hasta un ojo de agua al norte, llenaba cántaros, encendía un fuego pequeño lejos de la entrada, dormía junto a la cuna y leía cartas.

Las cartas no hablaban de magia. Hablaban de preparación.

Perdí otro bebé. El tercero. El médico dice que no intente más. Pero sé que viene uno, no para mí, para la que siga.

Hice este lugar para quien necesite esconderse y no volverse piedra por dentro.

No cuentes todo lo que encuentres. Algunos tesoros solo viven en silencio.

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